¿Claude te está haciendo más tonto? Una reflexión

Hay una frase de Luis Güette que llevo una semana sin poder sacarme de encima: si te sientes más inteligente cada vez que usas Claude, quizás te estás volviendo más tonto. Está en su artículo Is Claude making you dumber?. La leí, me reí, y a los dos minutos dejé de reírme porque me vi retratado.
Esto no es un resumen de su texto (léelo, es corto y vale la pena). Es lo que pensé después.
La máquina expendedora
Luis describe un uso de la IA que conozco demasiado bien: tratarla como una máquina expendedora. Metes una pregunta, sale una respuesta, sigues con tu día. Rápido, cómodo, sin fricción. El problema es lo que él llama el camino de menor resistencia que se vuelve el único camino que conoces. Cuando delegas el pensar suficientes veces, dejas de saber pensar sin delegar.
Lo escribo y suena dramático. Pero piénsalo en tu propio trabajo: ¿cuándo fue la última vez que te peleaste con un problema durante una hora antes de preguntarle a la IA? A mí me costó encontrar un ejemplo reciente. Esa dificultad para recordarlo ya es parte de la respuesta.
Lo que dice la ciencia (y por qué da escalofríos)
Luis cita un estudio del MIT con un título que lo dice todo: "Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task". La idea de deuda cognitiva es la que se me quedó pegada: cada vez que aceptas una respuesta sin evaluarla, contraes una pequeña deuda con tu propio cerebro. Funciona hoy, pero la factura llega después, cuando necesitas razonar y descubres que el músculo se atrofió.
Lo que de verdad me inquieta no es que la IA te vuelva más lento o más perezoso. Es que no puedes confiar en tu propia percepción. Hay otro estudio, este de METR, que midió a desarrolladores experimentados trabajando con y sin herramientas de IA: en promedio fueron 19% más lentos con IA, pero estaban convencidos de haber sido 20% más rápidos. La sensación apuntaba en la dirección exactamente contraria a lo que medía el cronómetro.
Junta las dos cosas y tienes el problema completo: la herramienta te resta capacidad y, al mismo tiempo, te hace sentir que te la suma. Esa sensación de "qué productivo estuve hoy" es justamente la que no deberías creerte sin revisar.
La cadena de confianza ciega
La anécdota de Luis que más me marcó es otra. Descubrió que Claude estaba confiando a ciegas en citas que Perplexity había alucinado. Y que cuando Claude buscaba "la fuente", muchas veces llegaba a un blog que interpretaba un estudio, no al estudio. La interpretación del blog y los hallazgos originales no siempre coincidían.
Eso es una cadena de confianza ciega: tú confías en Claude, Claude confía en Perplexity, Perplexity confía en un blog, y el blog malinterpretó un paper. Cuatro eslabones y, en ninguno, alguien leyó la fuente real. Lo grave es que el resultado se ve impecable: bien redactado, con citas, seguro de sí mismo. La confianza se ve idéntica esté fundada o no.
Por eso, desde hace un tiempo, cuando la IA me da un dato que voy a repetir, me obligo a abrir la fuente primaria. No la versión masticada: el paper, la documentación oficial, el repo. Es justo lo que hace Context7 del lado del código, inyectarle al modelo la documentación real en vez de lo que cree recordar. La fricción de ir a la fuente es el precio de no terminar repitiendo el error de otro.
La fricción no es el enemigo
Aquí está el giro que me gustó del artículo de Luis, y donde coincido del todo. El problema no es la IA. Es cómo la usas. Su frase lo resume: la IA que te ahorra esfuerzo mental te hace más tonto; la que te genera esfuerzo mental te hace más agudo.
Eso cambia por completo la pregunta. Ya no es "¿cómo termino esto más rápido?" sino "¿cómo uso esto para pensar mejor?". Tres prácticas que saqué de ahí y que intento aplicar:
- Ir a la fuente. Usa la IA para encontrar el material, no para reemplazar leerlo. El resumen es un punto de partida, no la conclusión.
- Deja que te interrogue. En vez de pedirle la respuesta, pídele que te haga preguntas. Que rompa tu plan, que encuentre los huecos de tu diseño, que te obligue a defender una decisión. Ahí el esfuerzo lo pones tú, y ese es justamente el punto.
- Sigue los hilos de curiosidad. Cuando algo te dé curiosidad genuina, persíguelo tú. No delegues las preguntas que de verdad te importan.
Las tres tienen algo en común: le devuelven la fricción al proceso a propósito. Suena contraintuitivo usar la herramienta más cómoda del mundo para incomodarte, pero es eso lo que la vuelve útil en lugar de atrofiante.
Entonces, ¿me está haciendo más tonto?
A veces sí. Cuando la trato como máquina expendedora. Cuando acepto la primera respuesta porque se ve bien. Cuando me siento productivo y no verifico si lo fui.
Y a veces no. Cuando la uso para llegar más lejos de lo que llegaría solo: para que me cuestione, para encontrar fuentes que no conocía, para perseguir una duda hasta el fondo. La misma herramienta, resultados opuestos, y la única variable soy yo.
Esa es, creo, la conclusión incómoda de Luis y la razón por la que su artículo se me quedó dando vueltas: la pregunta no es si Claude te hace más tonto. Es si tú estás dispuesto a hacer el esfuerzo que te mantiene agudo. La herramienta no decide eso. Tú sí.
Fuentes
- Is Claude making you dumber?, el artículo original de Luis Güette que dio pie a esta reflexión.
- "Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt...", estudio del MIT Media Lab sobre deuda cognitiva.
- Estudio de METR sobre el impacto de la IA en desarrolladores experimentados.